Muchas veces asociamos únicamente el arte a instituciones culturales como son los museos. Pero el arte está mucho más presente en nuestra sociedad de lo que imaginamos. En esta entrada pretendemos reflexionar sobre como se alude a movimientos artísticos o artistas concretos de manera indirecta en nuestro entorno, estando muy presente en la publicidad y los medios de comunicación, o en la propia moda.
A continuación os mostramos varios ejemplos en los que se identifica claramente la influencia recibida del arte en anuncios publicitarios:
A la hora de enfrentarnos a una obra de arte, es fundamental saber mirar. Cada detalle de las piezas habla por sí mismo. Por ello, para conocer y profundizar en el apasionante mundo del arte y la belleza, es necesario aprender a mirar. ¿Y quién dijo que no se puede aprender jugando? A continuación os traemos la prueba de que sí es posible.
En esta entrada os proponemos un recorrido virtual por la colección permanente del Museo de arte Thyssen-Bornemisza. Una vez realizada la visita virtual, os traemos este juego para poner a prueba vuestras habilidades como observadores y observadoras:
Para los más expertos/as os proponemos el reto de llevar a cabo estos puzzles de conocidas obras maestras de la pintura internacional.
En el tránsito entre la Edad Antigua y la Edad Media en Europa se produce un retroceso cultural muy importante que afecta sobremanera a las ciudades que van perdiendo importancia y, con ellas, va desapareciendo también uno de los elementos clave de la civilización romana: Las Termas. A partir de Este momento, se abre un largo periodo en que, ya sea por mayor pobreza de la sociedad medieval, ya sea por los hábitos antihigiénicos de la Edad Moderna, la mayoría de los europeos dejará de lavarse hasta ya entrado el siglo XIX.
Si nos paramos a pensar detenidamente la respuesta parece clara. El Arte se basa fundamentalmente en el componente visual. Esto hacía prácticamente imposible que personas con ceguera o déficit visuales no pudieran disfrutar plenamente de las obras.
En los últimos años, gracias a programas llevados a cabo por organizaciones como la ONCE, que tienen un plan de adaptación de materiales o proyectos como el sistema de diagramas tridimensionales desarrollados por Art Education for the Blind (AEB), las personas con estas dificultades podían hacerse una idea de qué estaban viendo a través del tacto.
Dando un paso más allá, la tecnología nos permite recrear obras pictóricas con mayor detalle gracias a las impresoras 3-D.